martes 24 de julio de 2007

Apocalipsys Now

Bien, supongamos que sí, que vivimos en una época de crisis, donde todo se sumerge en un pesimismo posmoderno cuyo causal es vivir en un metasistema de sistemas, formado por la tecnología y la sociedad, de cuya capacidad para funcionar –y articularse– depende nuestra vida como la conocemos.
Supongamos que no hay futuro, que hasta acá llegamos, que no hay para dónde avanzar. Que la falta de utopías en el mundo real, y en el virtual, hace desaparecer la perspectiva del progreso, la visión de una humanidad que avanza con un rumbo certero. Que lo que nos queda es la tecnología como fin en si misma, como único objeto de deseo, como la zanahoria delante del caballo.
Supongamos que seguimos siendo dominados como sociedad virtual de la misma forma que lo fuimos siempre como sociedad terrenal, que los dueños del mundo seguirán siendo los mismos y nosotros, pequeños tercermundistas subdesarrollados, debemos seguir esperando que vuelva a caer el Big Bang. O que un día, mágicamente, se forme alguna comunidad virtual de nombre “Resistencia al Imperio Primermundista” cuyas siglas serían, paradójicamente, RIP, como una misteriosa premonición...
Supongamos que la comunicación como creadora de sentido, como marco para ver la problemática del otro, desaparece bajo la sombra de la información irresolutiva, abrumadora, efímera. Que del triángulo acontecimiento-mediador-ciudadano el elemento del medio perecerá, los periodistas no tendremos más qué hacer y nos limitaremos a subir género seco a la web, sin ningún elemento de análisis o procesamiento.
Supongamos que el Estado y su principal electora, la escuela, serán referentes únicamente para quienes no tienen acceso a Internet o la televisión, que los niños crecerán con los ojos en la pantalla –las pantallas: tv, monitor, celular– y ninguna institución –ni siquiera la familia– articulará lo que absorban de todas las fuentes disponibles.
Y, ya que estamos, también podemos suponer que el día de mañana, de acá a ¿cuánto? treinta, cuarenta años, las nuevas generaciones nacerán todas de probeta, tendrán pequeños chips en lugar de neuronas y en vez de escribir con el alfabeto lo harán con un código binario de ceros y unos. Que los besos, los abrazos, las caricias y hasta el sexo serán simplemente íconos en un chat. Que los trabajos serán todos teletrabajos y la única función de nuestro cuerpo que tendrá importancia será la de articular los dedos para utilizar un mouse y un teclado, porque hasta el fútbol será con jugadores virtuales. Que de monos a homo sapiens y de allí a homo internetis nuestros cerebros se degenerarán en cables por los que simplemente circulará sangre y no contenido, nuestras neuronas serán nodos, y, tarde o temprano, supongamos que todos seremos el reflejo del medio que domina nuestra sociedad: una red hueca.